Vendo fruta fea
Tengo un material en la tienda que no es adecuado para todo el mundo. Para saber si te encaja, esta historia quizás te interesa.
En el supermercado de mi pueblo han puesto una sección nueva donde las frutas.
Eso no es raro, lo que me encantó fue el nombre:
FRUTAS FEAS.
Hay manzanas, peras, mandarinas, limones…
todas más feas que pegar a tu abuela en Navidad.
Todas con pinta de no haber ido al gimnasio en su vida.
Ojo, no frutas malas, feas.
La diferencia es importante.
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Hace miles de años si comías una pata de mamut en mal estado te ibas al hoyo.
Y si te entraba la cagalera por unos higos demasiado maduros, posiblemente también.
Por eso nuestro cerebro sapiens está programado para descartar la comida mala y elegir la más apetecible.
Y sigue funcionando igual que cuando galopábamos por las praderas montados en velocirraptores.
Lo que nuestro cerebro sí empieza a entender es que vivimos en un mundo de abundancia.
Ahora lo feo no es sinónimo de malo.
Al menos no siempre. Y no para todo el mundo.
Ahora lo feo también puede significar oportunidad.
Por ejemplo, por el precio de una manzana bonita por fuera, te puedes comprar tres feas con mejor sabor.
Y hablando de comprar cosas feas…
Si te pasas por mi tienda, también tienes un material feísimo.
Es un pack con los principales verbos irregulares del español.
No tiene dibujos y el diseño es tan pobre que si lo ven los creadores de Canva me cierran la cuenta.
Eso sí, muchos la han probado y la han incluido en su dieta. Algunos incluso se dan atracones.
Para saber cómo es por dentro:
La fruta más fea (e irregular) de mi tienda
Feliz miércoles
Borja
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