12. TODAVÍA vs YA (y el zapatito de cristal) | Podcast de español intermedio

El cuerpo humano tiene 206 huesos. Si te pregunto si puedes memorizarlos todos, me dirás: «¡Oh, Borja, eso es absurdo, es imposible!».

Ahora, si te pregunto si puedes memorizar todos los usos del subjuntivo, posiblemente me digas: «¡Claro que sí, Borja! Los he memorizado. De hecho, los tengo todos en mi cuaderno».

MUAJAJAJAJAJAJA

Bienvenidos a Gramaticón. 

Ya y todavía: la idea de cambio y continuidad

Hola, hola, ¿qué tal? ¿Qué tal? Soy Borja Odriozola y estás escuchando un nuevo episodio de Gramaticón, el tercer podcast más famoso de mi pueblo.

Y hoy quiero hablarte de un tema que causa confusión a muchos estudiantes. En concreto, una de mis estudiantes tiene una cruzada particular con este tema. Me refiero a las palabras, a los adverbios, «todavía» y «ya».

El otro día mi estudiante tuvo un momento de frustración con «ya» y «todavía» y yo le prometí que le dedicaría un tema en el podcast si encontraba alguna página del Gramaticón que ya hablara sobre el tema. Y la he encontrado.

Y además cuenta un cuento que seguro que conoces y que explica estos dos conceptos de una forma súper, súper sencilla. Así que allá vamos.

Para empezar, tengo que avisarte de que si buscas en internet explicaciones sobre «ya» y «todavía», vas a ver clasificaciones que te dicen: «A ver, ya significa esto. Ya no significa lo otro. Todavía significa esto. Todavía no significa otra cosa». Incluso algunas clasificaciones también añaden «aún» y «aún no». Así que tendrías seis posibilidades distintas con seis significados distintos.

Pero no, la verdad es mucho más simple que eso. Lo que vamos a hacer ahora es entender qué significan realmente estos adverbios y después verás mucho más claro cómo se utilizan.

Y aquí lo único que nos interesa es «ya» y «todavía». La forma negativa de «ya no» y «todavía no» da lo mismo, porque no va a cambiar el significado. Simplemente lo va a poner en negativo. Y por cierto, esto de «aún» y «aún no» es exactamente lo mismo que «todavía» y «todavía no», ¿vale? No te comas la cabeza.

Así que vamos a centrarnos en «ya» y «todavía». Y empezamos ya.

Bien, la palabra «ya» expresa que un cambio se ha completado, mientras que «todavía» expresa que la situación continúa. Repito: «ya» expresa cambio, «todavía» expresa continuidad.

Como sé que se te va a olvidar, igual que a mi estudiante, vamos a dedicar un momento a entender de dónde vienen.

«Ya» viene del latín iam, que significaba ahora, inmediatamente. Por otro lado, «todavía» viene de «toda» y «vía», es decir, significaba algo así como todo el camino. Fíjate, la palabra «ya» desde su origen está relacionada con el ahora, con lo inmediato, muchas veces entendido como un cambio.

Y en el caso de «todavía», pues es incluso más claro su origen, porque si hablamos de todo el camino, estamos hablando de un proceso abierto, de una continuidad. Pero esto es más fácil si vemos ejemplos de «ya» y de «todavía».

Cenicienta, el cuento perfecto para entender todavíaya

Y para eso vamos a pedirle ayuda a Cenicienta, aunque quizás la conozcas como Cinderella. Seguro que conoces su historia, ¿verdad? Te la cuento y vamos analizando los usos de «ya» y «todavía».

Mira, Cenicienta era una chica muy buena, muy trabajadora, pero que vivía explotada por su madrastra. Y por sus hermanastras, que eran unas personas terribles, pero malísimas.

Un día llega un baile al reino, un baile en el que el príncipe va a elegir esposa. ¡Qué menudo machirulo el príncipe! Pero en fin, el caso es que Cenicienta quiere ir al baile y la madrastra le dice: «Sí, sí, sí, tú puedes ir, pero primero tienes que terminar tus tareas. Ya sabes, tienes que limpiar el castillo, lavar la ropa, preparar la comida, cepillar a los caballos, peinar a los unicornios, etcétera».

Por suerte, los animalitos del bosque la ayudan y Cenicienta le dice a la madrastra: «Ya he terminado».

Es decir, expresa un cambio, una acción completada, ¿sí? Todas esas responsabilidades que supuestamente iban a continuar, iban a continuar, se terminaron. «Ya he terminado».

Y claro, la madrastra flipa porque pensaba que Cenicienta todavía estaba haciendo sus tareas. Pensaba que continuaba.

Y la madrastra le dice: «Bueno, pero necesitas un vestido». Y Cenicienta responde: «Ya lo he preparado también. Zasca».

¿Ves? Ya lo tiene preparado. Acción completada.

Pero las hermanastras, que como te digo son unas personas horribles, le rompen el vestido. Y entonces Cenicienta pues se pone a llorar porque piensa: «¡Malditas perras! Ya no voy a poder ir a la fiesta por su culpa». Es decir, antes podía ir, pero ya se terminó, se completó esa posibilidad.

Pero justo en ese momento de desesperación aparece el hada madrina y el hada le crea un vestido precioso, una carroza y unas zapatillas de cristal. Que también hay que ser mala persona para darle unas zapatillas de cristal a alguien con la posibilidad de que se rompan y te abran un agujero en el pie. Pero bueno.

El hada tiene buena intención y le dice: «Relaja la raja, Ceni, que todavía puedes ir a la fiesta». Aquí hay un énfasis en que antes podía ir y ahora también puede ir, es decir, continuidad.

Todavía es continuidad, ya es cambio

Así que Cenicienta llega al castillo y empieza a sonar música de Bad Bunny en los altavoces y se pone a perrear hasta que el príncipe se acerca y se enamora de ella. Y por supuesto bailan y bailan toda la noche, pero de repente Cenicienta mira el reloj y dice: «Ay, no, ya son casi las 12, me tengo que ir».

Es decir, antes era temprano, era una hora aceptable para Cenicienta, pero ahora no. Ha habido un cambio. Así que el príncipe insiste: «No, mujer, todavía es pronto, todavía no puedes ir».

Me ha salido un poco de voz de Bad Bunny. Bueno, el príncipe intenta mantener la continuidad, ¿no? La continuidad del baile, que ella se quede un poco más, pero Cenicienta escapa igualmente y pierde una zapatilla de cristal, que por cierto en el cuento de los hermanos Grimm sabemos que los pies de Cenicienta eran de la talla 45 y que estaban cubiertos de pelo y de venas.

Pero en fin, el caso es que se deja esta zapatilla, sí, y a la mañana siguiente el príncipe, que era un gran fetichista de los pies, decide buscar a la dueña de la zapatilla por todo el reino. Pasan las horas, pasan las horas y nada.

Uf, todavía no he encontrado a la chica con la que bailé anoche. Yeah, yeah, yeah, yeah. Todavía no la ha encontrado. Continuidad. No la encontraba, no la encontraba, no la encontraba.

Bueno, la situación continúa igual. Sigue sin encontrarla hasta que llega a la casa de Cenicienta. Las hermanastras corren, corren donde el príncipe, intentan ponerse la zapatilla, pero no les entra. Empiezan a hacer fuerza, mucha fuerza, mientras dicen: «¡Ugh! ¡Todavía no me entra!»

De hecho, se cortan partes del pie para intentar que encaje.

Te prometo que esto no me lo he inventado y que realmente lo dicen los hermanos Grimm. Pues al final una de las hermanastras consigue meter el pie y dice: «¡Ya! ¡Ya me he puesto la zapatilla! Antes no la tenía puesta, ahora sí». Pero claro, en ese punto la sala está llena de sangre, lo que reduce considerablemente la excitación del príncipe.

Entonces aparece Cenicienta con su otra zapatilla y el príncipe, al ver su enorme pie peludo y cubierto de venas, dice: «Ya he encontrado a la mujer de mi vida». Antes no la había encontrado, ahora sí. Cambio.

Y colorín colorado

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Y también este episodio.

Espero que tengas más claro cómo funcionan «ya» y «todavía». Y si todavía no lo tienes claro, suscríbete a borjaprofe.com para recibir la página del Gramaticón de este episodio, que te va a ayudar a practicar con estos adverbios tan curiosos.

Te recomiendo hacerlo ya porque esta página desaparecerá cuando se publique el próximo episodio. Espero que todavía siga disponible cuando lo escuches.

Y hablando de escuchar, nos escuchamos en el próximo episodio con el Gramaticón.

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