5. Quiero un p— café (o cómo pedir las cosas en español) | Podcast de Español Intermedio
Hay muchas formas de pedir lo mismo, pero no todas suenan igual.
En este episodio de Gramaticón, Borja Odriozola explica cómo la gramática cambia la distancia, el tono y la cortesía al pedir un café.
Bienvenidos a Gramaticón
Hay dos tipos de personas en el mundo: las que disfrutan del café y las que nunca en su vida aprenderán español. Bienvenidos a Gramaticón.
Hola, hola, ¿qué tal? ¿Qué tal? Soy Borja Odriozola y estás escuchando un nuevo episodio de ¡Gramaticón! El podcast que confirma todos tus miedos sobre la gramática. Hoy vamos a hablar de cafés, de pingüinos y, sobre todo, de cómo pedir las cosas.
Suena fácil, ¿verdad? Pues creo que este episodio te va a volar bastante la cabeza. Y no solo eso, vas a entender mucho mejor cómo nos comunicamos los hispanohablantes y por qué.
Pero antes te recuerdo que todo lo que cuento en este podcast es en realidad solo una transcripción del Gramaticón. Ya sabes, ese libro arcano que encontró mi perrita Duna en la playa hace unos meses y que contiene todo el conocimiento del español.
Vamos, que no sé qué haces escuchando este podcast cuando podrías estar leyendo el Gramaticón en este momento. Solo tienes que suscribirte a borjaprofe.com/palabras y recibirás una página cada vez que sale un nuevo episodio. Las anteriores páginas no, esas se las come Duna, así que yo me daría prisa.
Y hablando de Duna y de comer, dame un segundo porque Duna acaba de levantar el sofá con sus tentáculos y, bueno, puedes aprovechar este momento para ir suscribiéndote, ¿vale? Duna, Duna, deja el sofá, deja el sofá, suelta, suelta, suelta.
Perdona, desde que se comió esas páginas del Gramaticón está un poco rarita.
Cómo perciben los demás lo que decimos
Ahora que ya sé que te has suscrito, vamos con el tema de hoy. Y es que hace unas semanas una de mis estudiantes, Fabienne, me contó una historia muy interesante. Me dijo que estaba con su hijo en una cafetería en España y su hijo habla súper bien español, ¿no? Entonces, cuando Fabienne estaba a punto de pedir el café, dudó un momento sobre cómo pedirlo, ¿no?
Le dijo a su hijo: ¿Cuál es la forma más adecuada? ¿Quería, quisiera? Y su hijo le respondió: Mira, mamá, no te compliques la vida. Tú pide las cosas siempre en presente, porque así siempre te van a entender.
Entonces, Fabienne me hizo una buena pregunta en clase.
¿Es verdad lo que me ha dicho mi hijo? Y mi respuesta es que sí, su hijo tiene toda la razón. Si tú pides las cosas en presente, siempre te van a entender, al menos en el 99% de situaciones. Ahora, la pregunta es: ¿lo estás comunicando de la forma exacta que tú quieres? O, dicho de otra manera, ¿sabes lo que piensan las otras personas cuando te escuchan?
Una cosa es cómo hablamos y otra cosa es cómo perciben los demás lo que decimos. Esto no solo ocurre entre diferentes idiomas. Incluso a los propios hispanohablantes nos pasa cuando hablamos entre nosotros.
Por ejemplo, solemos decir que la gente en España es mucho más brusca y directa que la gente en Hispanoamérica. Y, a ver, nosotros no nos damos cuenta, pero decimos las cosas y nos perciben así.
Y ellos también hablan de la forma que consideran adecuada, pero en España tendemos a considerar que hablan de una forma muy amable, casi incluso excesivamente amable en algunos casos. Yo recuerdo cuando viví en El Salvador que si entraba en una tienda, pedía algo y no lo tenían, les resultaba muy difícil decirme que simplemente no tenían ese producto y hablaban de una forma súper indirecta, amable, para no ofender.
En mi pueblo, en cambio, me habrían respondido: “No tenemos” y luego me habrían escupido. Bueno, eso ya no.
Lo que te quiero transmitir con esto es que cuando hablamos, y en concreto cuando pedimos las cosas, las otras personas reciben una serie de sensaciones. Van a sentir que te estás comunicando con ellos de una forma más directa o menos directa.
Y esto, pues, va a depender en parte del país en el que te encuentres, del tono que utilices, de la confianza, etcétera. Pero en este episodio te voy a enseñar cómo pedir las cosas de una forma más directa o menos directa a través de la gramática. Porque sí, también expresamos distancia desde la gramática.
Y para eso vamos a retomar una idea que ya te expliqué en el episodio 1 de Gramaticón. Y si no lo has escuchado, vete corriendo a escucharlo porque es muy bueno. Hazme caso, que lo he hecho yo. Bueno, vale, lo hemos hecho los dos.
Pues en ese episodio lo que te cuento es que hay un concepto importantísimo en la gramática del español que es el espacio, la distancia entre el aquí y el allí. Esto es muy útil para entender mejor los pasados, por ejemplo, como también te explico en el episodio 3, pero es que esa distancia, ese espacio, nos sirve para muchas cosas más.
Entre ellas, para pedir cosas a los demás. Por ejemplo, un café, como Fabienne.
Así que hoy vamos a pedir un café de 5 maneras distintas. Son 5 formas de pedir un café que suenan parecido, pero que no son iguales porque la distancia va a ser diferente en cada una de ellas, como vas a ver. Y de verdad que lo vas a ver súper claro en un momento.
Cinco formas de pedir un café
Y empezamos por la primera: dame un puto café.
Vale, esta es la forma más directa que existe en español para decirle a otra persona lo que quieres, que es usar el imperativo. Al usar el imperativo, en realidad, ni siquiera estás diciendo qué quieres. Estás asumiendo que la otra persona debe hacerlo.
Por eso el imperativo lo utilizamos normalmente en situaciones en las que hay mucha confianza con la otra persona, por ejemplo, entre la familia, los amigos, o también para dar instrucciones muy concretas.
Y a ver, a lo mejor te suena un poco raro usar el imperativo para pedirte un café, pero puedes decir sin ningún problema: “Ponme un café, por favor”. Con el “por favor” suavizas un poco la expresión, aportas un poco más de respeto, es decir, de distancia, y no necesariamente va a sonar agresivo.
Te pongo otro ejemplo práctico. Mira, cierra los ojos. Ciérralos.
Eso es. Ahora abre la boca. Ahora pon tu dedo pulgar en tu barbilla y el índice en tu nariz. ¿Listo? ¿Lo has hecho? ¿En serio? Seguro que tienes una pinta ridícula.
Vamos a la segunda forma de pedir un café. Esta vez a un poquito más de distancia. Quiero un café.
Cuando usas el presente para decir algo como “quiero un café”, estás haciendo una afirmación. Quiero esto. Es decir, estás dejando muy claro lo que quieres. Es igual que si dices “busco una farmacia” o “necesito 2 voluntarios”. En este caso no estás dando una orden, pero tampoco estás pidiendo permiso.
Estás poniendo tus necesidades encima de la mesa. ¡Pam!
Como decía el hijo de Fabienne, si usas el presente todo el mundo te va a entender. Ahora, dependiendo de cómo lo digas o en qué contexto, puede sonar algo agresivo. No es lo mismo un “Hola, quiero un café con leche y un cruasán, por favor” que un “¡Quiero un café con leche y un cruasán!”.
Así vas a sonar como Terminator cuando entra en el bar y pide la chaqueta, las gafas y la moto. Y si no entiendes esta referencia, no me caes bien.
Vamos con la tercera forma de pedir un café: con el imperfecto de indicativo. Quería un café. Sí, podemos usar el pasado para pedir cosas.
Igual te estás preguntando: ¿por qué un pasado? Ahora lo vemos, pero antes fíjate en que cuando dices “quería un café” o “estábamos buscando una zapatería”, también estás declarando una información, estás afirmando algo, igual que con el presente. ¿Cuál es la diferencia? De nuevo, la distancia. Por eso estamos usando un pasado, para hacer la petición un poquito más distante, para ponerla más lejos.
Te cuento una anécdota. Yo todas las semanas hago un pedido online en la frutería de mi pueblo. No es que sea un vago, es que tienen un servicio con el que reparten la fruta y la verdura a domicilio. Y la verdad es que está genial.
El caso es que, mientras preparaba este episodio, se me ocurrió: oye, ¿cuál es la fórmula que suelo usar para pedirles la fruta siempre en WhatsApp?
Y adivina qué es lo que escribo siempre al frutero. Te lo leo: “Buenas, Joseba, queríamos hacer un pedido: manzanas golden, 7, plátanos, 5, arándanos, 200 gramos”. No te voy a aburrir con toda mi lista.
Lo importante aquí es que suelo usar el imperfecto de indicativo. ¿Por qué? Porque a la hora de pedir algo es una buena opción si buscas un equilibrio entre ser lo suficientemente directo, afirmando que quieres algo, y lo suficientemente educado, dándole un pelín de distancia. De hecho, presta atención en la calle, en las conversaciones, porque es más común de lo que piensas.
Y pasamos al siguiente nivel: el condicional. Querría un café. Con doble R. Querría.
Aquí ya no estás haciendo una afirmación. Técnicamente, al usar el condicional estás haciendo una predicción, una especie de estimación de futuro. Por eso el condicional se considera una forma muy educada de pedir las cosas, porque no asumes que lo que tú quieres vaya a ocurrir.
Por ejemplo, es común usarlo si intentas reservar mesa en un restaurante.
“Nos gustaría reservar una mesa para esta noche.” O si tienes una petición especial que requiere más trabajo de lo normal: “¿Podrías servirme la hamburguesa con el pan dentro y la carne fuera, por favor?” No es seguro que lo vayan a hacer.
Vamos, que si quieres usarlo para pedir un café, puede sonar un poquito exagerado decir: “Querría un café”. Porque, a ver, si tú pagas el café, te lo van a servir seguro. Salvo que estés pidiendo el café dentro de un volcán. Ahí posiblemente no te lo servirán y ahí sí es adecuado usar el condicional.
O también imagina que estás caminando por ese volcán con tus amigos y te mueres de sueño. No has dormido bien esa noche y dices algo así como: “Ay, querría un café”. En ese contexto lo que estás mostrando es tu deseo, pero sin una intención real de satisfacerlo en ese momento.
Y con esto pasamos ya al número 5, el último: el imperfecto de subjuntivo. Quisiera un café.
Esta es la forma más distante y educada en la que podemos pedir algo en español. ¿Por qué? Pues mira, ¿recuerdas que al decir “quería un café” usábamos un pasado? En concreto, el imperfecto de indicativo. Y que lo usábamos para marcar cierta distancia.
Pues aquí ocurre lo mismo. Usamos un pasado para mostrar distancia, pero además estamos usando un pasado del subjuntivo. Vamos, que no estás afirmando que quieres un café. Lo que dices es que eso de querer un café es una idea, es algo virtual, hipotético. Y además es una idea que está lejos. Tu deseo ahora mismo es algo que consideras casi inalcanzable.
Por eso usamos mucho el imperfecto de subjuntivo para desear cosas que consideramos imposibles o muy improbables. “¡Ay!, quisiera ser modelo de Pantene y aparecer en todos los anuncios de champú.”
En mi caso no es muy probable. O “quisiera tener tentáculos en la boca como Duna”. Son situaciones que están en el terreno de las ideas y además las percibimos como ideas muy lejanas.
Entonces, ¿en qué situación podrías decir “quisiera un café”? Esto podría ser adecuado si estás en mitad de la Antártida y el café se lo pides a un pingüino.
O quizás si eres un lord o una lady con monóculo y se lo pides a tu mayordomo con una cortesía extrema. “Charles, quisiera un café.” Aunque si eres un lord o una lady, lo normal es que en vez de un café pidas un… ¿Un té, no? ¿O quizás un kalimotxo? No sé, nunca he conocido a un lord.
La forma buena depende del contexto
Y ahora que ya conoces muchas formas de pedir un café, igual te estás preguntando: ¿cuál es la forma buena? Pues eso queda en tus manos. Yo solo te cuento qué transmites al decirlo de una manera o de otra. A partir de ahí, tú decides qué grado de distancia te parece más adecuado para cada situación.
Y antes de terminar, dos cosas. La primera es que si te ha gustado este episodio, te agradeceré un montón si se lo recomiendas a tus amigos, tu familia, a tus compañeros de clase, tu hámster, etc. Y segundo, insisto, no sé qué haces escuchando El Gramaticón cuando puedes leerlo tú directamente. Para eso solo tienes que suscribirte a borjaprofe.com y te enviaré la página más reciente del libro. Eso sí, cuando salga la próxima, la anterior desaparece por tu propia seguridad.
Y nada más por hoy.
Nos escuchamos en el próximo episodio con el Gramaticón. ¡Ugh! Ya se me ha enfriado el café.